A veces nos complicamos con grandes palabras: seguridad, economía, diplomacia. Pero la verdad es simple: todos nuestros problemas provienen de una sola cosa: olvidamos quiénes somos. Piense en un niño en la escuela. Hay un acosador que lo molesta. Si el niño comienza a disculparse, a rebajarse o a entrar en "negociaciones" con el acosador, todos saben lo que pasará: el acosador lo pisoteará aún más. Pero si el niño se mantiene erguido, proyecta confianza en sí mismo y fe en la justicia de su camino, el acosador retrocederá.
Exactamente así somos nosotros como pueblo. Cada vez que intentamos complacer al mundo, recibimos una ola de antisemitismo, boicots, terrorismo y presión. Y cada vez que proyectamos fuerza y fe —como en la Guerra de los Seis Días— recibimos aprecio, respeto y cooperación. La Tierra de Israel no es tierra de nadie. Es la tierra prometida al pueblo judío, no un regalo de la ONU ni un acto de caridad de las naciones del mundo. Estamos aquí por derecho, no por caridad.
Y no solo la tierra, nosotros también. El pueblo de Israel tiene cualidades que ninguna otra nación posee: una bondad sin límites, una solidaridad mutua que nos sostiene incluso en los momentos más difíciles, una creatividad que cambió el mundo, y una entrega y heroísmo infinitos. Siempre somos más grandes que la suma de nuestras partes, porque somos parte de una historia gigante. Pero para que todo esto suceda en la práctica, debemos pasar a otra conciencia: ¡debemos devolver el Estado al pueblo! No más un pequeño Estado que reacciona a las amenazas, sino un pueblo que sabe quién es, se mantiene erguido y lidera desde su identidad. Y este es precisamente el papel de Zehut. No más parches sobre parches, sino una visión que nos devuelve la fe, nos conecta con la identidad y proyecta fuerza hacia adentro y hacia afuera. Un pueblo que regresó a su tierra después de dos mil años no está destinado a temer. Está destinado a liderar.
Israel no solo sobrevivirá: se convertirá en una potencia y mostrará al mundo cómo se ve un pueblo que vive y cumple su destino.
Libertad
No más lucha contra la burocracia, la coerción y la regulación, sino un Estado que devuelve al ciudadano su libertad. Cuando devolvamos el Estado al pueblo, cada persona podrá elegir su vida desde la responsabilidad personal y comunitaria. El Estado no dictará, sino que facilitará. Esta es la base de la iniciativa, la innovación y la prosperidad.
Identidad
Pagamos un precio enorme por perder el rumbo y huir de nuestra historia. Es hora de reconectarnos con quienes somos. Cuando devolvamos el Estado al pueblo, cada niño crecerá con su identidad clara: hijo del pueblo eterno, continuador de la cadena de generaciones, viviendo en la tierra que le fue dada, y de ahí emana su soberanía. Una identidad clara es una fuerza que otorga confianza en uno mismo y seguridad nacional.
Significado
No más supervivencia diaria sin horizonte, sino un propósito claro. Cuando devolvamos el Estado al pueblo, la vida personal y la vida nacional adquieren significado: ser un pueblo libre en nuestra tierra y llevar el mensaje de identidad y libertad al mundo. No somos un pequeño Estado más que reacciona a las amenazas, sino una potencia que lidera el camino.
Un Estado esbelto y eficiente
No más un aparato engorroso e inflado que desperdicia dinero público, sino un Estado esbelto que funciona con eficiencia y claridad. Cuando devolvamos el Estado al pueblo, el gobierno se concentrará únicamente en lo esencial: seguridad, justicia e infraestructura nacional. Todo lo demás volverá a los ciudadanos, a las comunidades y a las iniciativas libres. Un Estado esbelto es un Estado fuerte.
Comunidades fuertes
No más un ciudadano dependiente del Estado, sino comunidades independientes y prósperas. Cuando devolvamos el Estado al pueblo, cada comunidad podrá levantar instituciones de educación, cultura y bienestar según sus valores, por libre elección. El Estado no impondrá uniformidad, sino que permitirá un florecimiento diverso que fortalezca a toda la sociedad, sin coerción, luchas internas ni odio.
Un sistema judicial equilibrado
No más un sistema judicial desconectado de los valores de la nación, que dicta valores ajenos y usurpa atribuciones que no le corresponden, sino una justicia justa basada en los valores eternos del pueblo de Israel y que protege los derechos de los ciudadanos y la identidad del Estado. Cuando devolvamos el Estado al pueblo, el sistema judicial estará en el lugar que le corresponde: salvaguardar la ley y las libertades individuales, sin gobernar en lugar de los representantes electos del pueblo. Se preservará la soberanía del pueblo y reinará la verdadera justicia.
Educación libre y constructora de identidad
No más un sistema educativo estatal asfixiante y uniforme, sino una educación que haga crecer a una generación libre, emprendedora y con identidad. En Israel como potencia judía-israelí, los padres son los responsables de la educación de sus hijos. El Estado les devuelve las herramientas, el presupuesto y la responsabilidad. Un sistema educativo diverso permitirá a cada niño crecer desde la curiosidad, la confianza en sí mismo y una profunda conexión con sus raíces.
Familia fuerte
No más la desintegración de la familia mediante la intervención del Estado y la infiltración de valores progresistas, sino la reconstrucción de la columna vertebral social. En Israel como potencia israelí-judía, la familia vuelve a ser el centro de la vida. El Estado quitará sus manos de la familia, fortalecerá los derechos de los padres y garantizará un marco estable sobre el cual se construya una sociedad sólida.
Bienestar desde la responsabilidad
No más dependencia de mecanismos de asistencia social asfixiantes, sino responsabilidad comunitaria y apoyo real a los necesitados. En Israel como potencia israelí-judía, la red de seguridad social se construirá en torno a comunidades y asociaciones libres, basadas en la confianza mutua. En lugar de un aparato fallido y alienado: un bienestar cálido, cercano y eficiente. El Seguro Nacional dejará de servir como canal para financiar y fomentar comunidades no judías hostiles al Estado de Israel. Salud real y no una sucursal de la industria farmacéutica: no más un sistema público cautivo de las compañías farmacéuticas y de la Organización Mundial de la Salud, que demostró colaborar con Hamás. En Israel como potencia israelí-judía, cada ciudadano recibirá atención médica de calidad, en el momento y lugar que lo necesite. El Estado abrirá la libre competencia entre cajas de salud y compañías de seguros, garantizando que cada uno pueda elegir el camino que mejor le convenga.
Medios de comunicación libres y diversos
No más un monopolio mediático que distorsiona la realidad, sino un mercado abierto de opiniones y voces. En Israel como potencia israelí-judía, la libertad de expresión estará verdaderamente garantizada: cada voz será escuchada, cada idea podrá competir en el mercado libre de opiniones. Una prensa independiente servirá al público, no a las élites.
Economía libre
No más burocracia, aranceles y favoritismos, sino una verdadera libertad económica. Promesa: en Israel como potencia judía-israelí, el mercado será abierto, competitivo y creativo. Eliminaremos las barreras artificiales, abriremos los mercados y liberaremos las iniciativas. El resultado: la riqueza no se detendrá en el Estado, sino que llegará a los ciudadanos.
Reducción del costo de vida
No más intervención estatal que encarece cada producto, sino un mercado libre que reduce los precios. En Israel como potencia israelí-judía, los precios bajarán drásticamente gracias a la eliminación de aranceles y normas innecesarias, la apertura de las importaciones y la supresión de monopolios. El salario de cada familia alcanzará para más, otorgando una sensación de verdadera abundancia.
Vivienda accesible en todo el país
No más parejas jóvenes asfixiadas por la hipoteca, sino construcción libre y un mercado inmobiliario próspero. En Israel como potencia israelí-judía, las tierras del Estado se transferirán mediante sorteo a cada familia judía. La planificación y la construcción se llevarán a cabo desde la libertad y no desde una burocracia asfixiante. Las familias podrán adquirir una vivienda en cualquier parte del país, a precios razonables, sin depender de comités ni de allegados.
Industria y emprendimiento
No más una economía que dependa de la benevolencia del gobierno, sino un 'ecosistema' de creación e innovación. En Israel como potencia israelí-judía, los emprendedores, agricultores e industriales recibirán libertad absoluta para crear, exportar y desarrollarse. Se reducirá la burocracia, se bajarán los impuestos e Israel se situará a la vanguardia mundial como potencia económico-tecnológica.
Abundancia como base de la libertad
No más pobreza y dependencia, sino una riqueza que permita la independencia personal y social. En Israel como potencia israelí-judía, cada ciudadano podrá mantener con dignidad a su familia, emprender, soñar y construir. La abundancia económica no es un lujo, es la condición para una verdadera libertad.
Seguridad personal para cada judío
No más miedo en las calles, ciudades mixtas abandonadas a su suerte, ni un norte y sur entregados a los delincuentes y a las mafias de extorsión, sino seguridad plena en cualquier lugar del país. Cuando devolvamos el Estado al pueblo, cada judío podrá caminar con seguridad por cualquier calle, en el corazón de cada ciudad y en cada localidad. La policía estará del lado del ciudadano y no en su contra, y el Estado protegerá a sus ciudadanos con firmeza y no los abandonará ante la delincuencia nacionalista.
Fin a la aplicación selectiva de la ley
No más una situación en la que el Estado persigue a quienes cumplen la ley e ignora a los delincuentes, sino una misma ley para todos. Cuando devolvamos el Estado al pueblo, la ley se aplicará con total igualdad: quien la infrinja será castigado, y quien la cumpla recibirá protección. No más favoritismos, no más miedo a los criminales. ¡Es algo tan básico!
Verdadera libertad ciudadana
No más un ciudadano desprovisto de derechos frente a un Estado que lo vigila, sino la libertad personal como base de la confianza. Cuando devolvamos el Estado al pueblo, protegeremos los derechos del ciudadano: el derecho a portar armas para la defensa propia, el derecho a la libertad de expresión y el derecho a una vida sin intromisiones innecesarias del Estado en la privacidad.
Fin a las "rondas" contra la delincuencia
No más tratamientos puntuales y superficiales, sino una resolución real. Cuando devolvamos el Estado al pueblo, el Estado no "gestionará el conflicto" contra la delincuencia, sino que lo resolverá de manera decisiva. Quien "levante la mano" contra el Estado o contra sus ciudadanos será arrestado, expulsado o severamente castigado.
Libertad y seguridad juntas
No más dilemas entre libertad y seguridad, sino una combinación ganadora. Cuando devolvamos el Estado al pueblo, la seguridad personal se garantizará no a través de la opresión, sino a través de la libertad: un Estado que devuelve el poder al ciudadano, pero que lo respalda con su fuerza.
Resolución en lugar de "gestión del conflicto"
No más rondas interminables, no más "acuerdos" con un enemigo que continúa armándose, sino una resolución clara. Cuando devolvamos el Estado al pueblo, las FDI y el liderazgo del Estado volverán a derrotar decisivamente a los enemigos de Israel. ¡No nos conformaremos con treguas temporales! Devolveremos al pueblo una verdadera sensación de seguridad y una vida sin una espada sobre el cuello.
Soberanía plena en todas las partes del país
No más territorios abandonados o "zonas de control" para una entidad hostil, sino una soberanía israelí plena. Cuando devolvamos el Estado al pueblo, aplicaremos la soberanía sobre Judea, Samaria y la Franja de Gaza, garantizaremos fronteras seguras a lo largo de todo el país y desmantelaremos el modelo de la "Autoridad" que se ha convertido en una amenaza para nuestra existencia. En cualquier territorio de nuestra Tierra Prometida desde el cual se nos ataque y que, como consecuencia de ello, caiga en nuestras manos, el enemigo será expulsado y se aplicará la plena soberanía israelí.
Seguridad basada en la independencia
No más dependencia de la ayuda estadounidense o de la aprobación internacional, sino mantenernos firmes sobre nuestros propios pies. Cuando devolvamos el Estado al pueblo, construiremos una industria de defensa independiente, garantizaremos la superioridad tecnológica y mantendremos una absoluta libertad de acción frente a cualquier enemigo.
Un ejército con sentido
No más un reclutamiento forzoso basado en una igualdad artificial, sino un servicio fundamentado en la identidad y el propósito. Cuando devolvamos el Estado al pueblo, el ejército será un lugar donde los jóvenes judíos asuman responsabilidad y sentido, por elección propia y por su conexión con el pueblo y la tierra. Este modelo garantizará tanto el poderío militar como la resiliencia social.
Seguridad que permite la vida
No más vivir bajo la sombra de una ansiedad constante, sino una seguridad real que ofrezca un horizonte. Cuando devolvamos el Estado al pueblo, no solo protegeremos las fronteras, sino la vida misma. La seguridad nacional no es un fin en sí mismo: es la base para una economía próspera, una sociedad libre y una vida llena de sentido.
Paz desde la victoria, no desde la debilidad
No más "gestión del conflicto", no más ilusiones de Oslo, sino una paz basada en la fuerza. En Israel como potencia judía-israelí, no negociaremos sobre nuestro propio derecho a vivir aquí. Derrotaremos al terrorismo, fomentaremos la emigración voluntaria de poblaciones hostiles y consolidaremos una realidad en la que Israel ejerza su plena soberanía. Solo desde la fuerza vendrán también la calma y la paz.
Independencia política
No más dependencia de Estados Unidos, Europa o la ONU, sino una independencia total. En Israel como potencia israelí-judía, conduciremos una política exterior basada en el puro interés nacional, no en el temor a la crítica internacional. Mantendremos la libertad de acción militar, política y económica, y serviremos de ejemplo para otras naciones.
Jerusalén: el corazón palpitante
No más una ciudad dividida o sujeta a debate, sino una capital unificada y soberana. En Israel como potencia israelí-judía, Jerusalén estará en el centro de la soberanía judía e internacional. Consolidaremos en ella las instituciones del Estado, protegeremos los lugares sagrados y proyectaremos al mundo entero la validez de nuestro derecho histórico y de fe.
Fin al Estado "palestino"
No más ilusión de "dos Estados", sino una realidad estable. En Israel como potencia israelí-judía, nunca se establecerá otro Estado árabe entre el Jordán y el mar. Ofreceremos a los residentes de la zona solo tres opciones: residencia permanente, ciudadanía en casos excepcionales para quienes demuestren plena lealtad, o un paquete de emigración. Esta es una solución moral, estable y sostenible.
Israel como faro mundial
No más un Estado que se justifica, sino un Estado que lidera. En Israel como potencia israelí-judía, seremos un modelo para el mundo entero: el pueblo de Dios que regresó a su tierra después de 2,000 años, estableció en ella un Estado libre, soberano y moral, y proclama el mensaje de justicia y libertad a todas las naciones.
Preguntas y respuestas
General
- Esto es hermoso en la visión, pero ¿cómo lo harán en la práctica?
- No estamos inventando nuevas soluciones, sino colocando la visión milenaria del pueblo de Israel en lugar de la visión progresista que condujo a la locura de Oslo y a la masacre de Simjat Torá. Una vez establecida la visión, simplemente dejaremos de impedir que ocurra por sí misma. Eliminaremos todas las barreras. El Estado hoy bloquea la libertad en la educación, la vivienda, la economía y la gobernanza. En el momento en que el poder sea devuelto al ciudadano y a la identidad judía, la realidad cambiará por sí sola. ¿Qué pasa con el mundo? No resistiremos las presiones internacionales El mundo respeta la fuerza, no la debilidad. Cada vez que intentamos agradar a las naciones del mundo, recibimos boicots, terrorismo y antisemitismo. Cada vez que proyectamos fuerza (como en la Guerra de los Seis Días), recibimos reconocimiento y aprecio. Israel como potencia judía-israelí será un modelo para otras naciones, no un Estado que se disculpa.
- ¿Qué pasa con los árabes que viven aquí?
- Ofreceremos a cada persona tres opciones: residencia permanente; en casos raros y evidentes de demostración de lealtad al Estado de Israel como Estado judío, también se permitirá la ciudadanía plena; y para quienes no deseen ninguna de estas dos opciones, habrá una vía de emigración con una compensación generosa. No más la ilusión de un "Estado palestino" que colapse sobre nuestras cabezas. En lugar de un conflicto perpetuo, una estabilidad clara.
- ¿Qué pasa con la economía? ¿No colapsará?
- Hoy la economía está asfixiada por impuestos, burocracia y monopolios. Nuestra visión libera el mercado, elimina barreras y abre la competencia, lo que garantiza la reducción de precios, el crecimiento y la abundancia. No es un sueño, es una fórmula de éxito comprobada en todos los lugares donde se ha implementado.
- ¿Cómo podrán los jóvenes comprar un apartamento en Israel, la potencia israelí-judía?
- Cuando devolvamos el Estado al pueblo, el mercado de la vivienda se abrirá de verdad, en lugar de estar asfixiado por el Estado: Liberación de tierras: La mayoría de las tierras en Israel están en manos del Estado (más del 90%). En lugar de que la Autoridad de Tierras de Israel controle todo, la tierra para construcción se sorteará para cada ciudadano judío para la construcción libre, sin monopolios y sin intermediarios innecesarios. Eliminación de barreras y comités: Eliminaremos la burocracia que asfixia la construcción. No más años de espera por comités de planificación, sino un proceso corto, transparente y directo. Eliminación de impuestos inmobiliarios: Se eliminarán el impuesto de adquisición, los gravámenes y los impuestos de construcción artificiales. Así, el precio para los jóvenes bajará en decenas de puntos porcentuales. Construcción en todo el país: No solo en el centro. Judea y Samaria, el Néguev y la Galilea se abrirán a la construcción judía a gran escala, con infraestructuras de transporte avanzadas. Competencia real: Cuando cada emprendedor y cada pareja joven puedan adquirir tierras y construir, la competencia bajará los precios y hará que la vivienda sea accesible para todos. Cada pareja joven podrá adquirir un apartamento a un precio razonable, no como un regalo de los padres ni como un sueño imposible. El hogar volverá a ser algo natural y no un privilegio exclusivo de los ricos.
- ¿Cómo será la vida de un dueño de negocio en Israel como potencia israelí-judía?
- En el Israel de hoy, el dueño de un negocio es a menudo un esclavo del Estado : Burocracia interminable, impuestos asfixiantes, regulaciones cambiantes, inspectores, multas e incertidumbre constante. Cuando devolvamos el Estado al pueblo: Libertad de emprendimiento: El dueño del negocio no rogará a los funcionarios, sino que recibirá total libertad para emprender, abrir un negocio y desarrollarse. Las licencias y la burocracia se reducirán al mínimo necesario. Impuestos justos y mínimos: En lugar de un sistema fiscal complejo y punitivo, un impuesto simple, bajo y transparente. El dueño del negocio sabrá exactamente cuánto paga, y el dinero se quedará con él para invertirlo en su negocio. Libre competencia: No más favoritismos para los allegados ni un mercado controlado por un puñado de magnates. Cada pequeño negocio podrá competir de manera justa y crecer. Seguridad empresarial: El dueño del negocio no tendrá que temer a los delincuentes, a la extorsión o al abandono por parte de la policía. Se garantizará la seguridad personal y económica en todas partes. Economía en crecimiento: En un mercado abierto y libre, con impuestos bajos y burocracia reducida, más clientes podrán comprar, más negocios prosperarán y se abrirán más oportunidades. El dueño del negocio vivirá una vida de creación, no de supervivencia. Su negocio será una fuente de sustento, orgullo y desarrollo, no una fuente de ansiedad.
- ¿Y qué pasa con la seguridad? ¿Podremos realmente vencer?
- Sí. Nuestros enemigos se alimentan de nuestra debilidad. En el momento en que recuperemos la fe en la justicia de nuestro camino, venceremos militar y políticamente. No hay pueblo tan fuerte como el nuestro cuando cree en la justicia de su camino, y esto sucederá ¡únicamente (!) a través de la conexión con la identidad.
- Al final todo es política, ¿cómo sucederá esto si ustedes no están en el poder?
- Ofrecemos una visión y no un parche más. El público tiene sed de algo real, no de una "gestión de crisis". Cuantos más israelíes se conecten con la identidad y con la visión que devolverá el Estado al pueblo, más rápido surgirá la fuerza política que la haga realidad. No es un proceso que ocurrirá de la noche a la mañana, pero es un proceso real e imparable.
- ¿Qué pasa si fracasan como fracasaron en el pasado?
- Gracias a nuestra actividad de muchos años, Israel cuenta hoy con un movimiento con una visión madura y una plataforma integral que da esperanza al público en general. La pregunta no es si volveremos a fracasar, sino si el pueblo de Israel puede permitirse continuar en el camino que lo llevó a esta terrible crisis: sin identidad, sin soberanía y sin fuerza.
- ¿No se creará un caos cultural?
- Al contrario: donde hay libertad, hay creación. Cada comunidad desarrollará sus propias instituciones educativas y culturales, y todas competirán en calidad. Esto creará abundancia cultural, no caos.
- Esto suena demasiado mesiánico. ¿Qué pasa con las personas laicas?
- La idea de devolver el Estado al pueblo no es un plan religioso. La identidad judía nos pertenece a todos: laicos, religiosos, tradicionalistas. No es una imposición religiosa, es libertad de identidad. Cada uno encuentra su lugar, por libre elección.
- ¿Cómo será un día en la vida de un niño en Israel, la potencia israelí-judía?
- No más un niño que recibe una educación uniforme, alienada y sin raíces. Cada niño aprenderá por elección, identidad y pertenencia. Se levantará para ir a una escuela que sus padres eligieron para él, aprenderá sobre su historia y su legado con orgullo, y crecerá con verdadera libertad para desarrollarse según sus talentos.
- ¿Qué pasará con las ciudades mixtas, como Lod, Ramla y Haifa?
- En la realidad actual, los judíos viven con miedo y el Estado teme aplicar la ley. Cuando devolvamos el Estado al pueblo, no habrá zonas abandonadas: la ley se aplicará con total igualdad y la gobernanza volverá a cada barrio. Los judíos podrán vivir en cualquier lugar del país con total seguridad, sin temor a la violencia, la extorsión o la discriminación positiva.
- ¿No se verá afectada la academia o la libertad de expresión?
- Al contrario. Hoy la academia y los medios de comunicación sufren de un monopolio ideológico, no de una verdadera libertad. Cuando devolvamos el Estado al pueblo, cada opinión podrá ser escuchada, cada investigación podrá realizarse sin imposición ideológica. La libertad de expresión estará verdaderamente protegida, no solo para quienes piensan de manera "correcta".
- ¿Cómo será el sistema educativo en la práctica? ¿Quién pagará?
- In Israel como potencia judía-israelí, el presupuesto volverá a los padres. Cada padre recibirá un vale educativo y elegirá la escuela que se adapte a sus valores. Así se preserva la igualdad de oportunidades, sin imposiciones y sin una uniformidad deprimente.
- ¿Qué pasa con los estudios troncales y los ultraortodoxos?
- El Estado no impondrá contenidos, sino que permitirá la libertad. Quien decida renunciar a los estudios troncales no recibirá el vale educativo y asumirá la responsabilidad de su elección. En la práctica, la mayoría de los padres pedirán una educación de calidad que combine judaísmo, identidad y herramientas para la vida.
- ¿Qué pasará con los subsidios y la ayuda a los débiles en Israel como potencia israelí-judía?
- Hoy la situación es lamentable: gran parte del dinero no llega a los necesitados, sino que se destina a la burocracia y al funcionariado. Existe una discriminación positiva para las minorías y, a menudo, los judíos que trabajan pagan más y reciben menos. Los discapacitados, los ancianos, los enfermos crónicos y las familias pobres se ven obligados a mendigar y a librar batallas contra el sistema.
- ¿Cómo afectará esto a las relaciones de la judería de la diáspora con Israel?
- Hoy los judíos en la diáspora sienten alienación porque Israel transmite confusión y debilidad. Cuando devolvamos el Estado al pueblo, proyectaremos orgullo y seguridad en nuestra identidad, y fortaleceremos el vínculo con los judíos de la diáspora desde la inspiración y no desde las disculpas. Israel será para ellos un ancla de identidad, no solo un refugio en tiempos de problemas.
- ¿Y qué pasa con el costo de esta transición? ¿Cómo pagaremos todo esto?
- Hoy el público paga un precio altísimo en impuestos, burocracia, costo de vida y un enorme despilfarro por parte del Estado. Cuando devolvamos el Estado al pueblo, eliminaremos impuestos y barreras innecesarias, reduciremos el aparato público y devolveremos el poder a los ciudadanos. Esto no costará más, ahorrará miles de millones y liberará enormes recursos para la educación, la salud y las infraestructuras.
Sociedad y minorías
- ¿Qué pasará con los ciudadanos árabes de Israel?
- Hoy la realidad es de una doble mentira : por un lado, el Estado otorga discriminación positiva y recursos enormes; por el otro, teme aplicar la ley y abandona las calles. El resultado: los judíos se sienten extranjeros en su propia tierra, y los propios árabes viven en un entorno de hostilidad, violencia y delincuencia. Cuando devolvamos el Estado al pueblo, las reglas serán claras: Quien acepte a Israel como un Estado judío y soberano vivirá aquí con dignidad, igualdad ante la ley y seguridad. Quien se niegue a aceptar la identidad del Estado podrá optar por la emigración voluntaria, acompañada de una generosa compensación. No habrá más discriminación positiva que favorezca a una minoría sobre la mayoría; no más abandono de las ciudades mixtas. Habrá una sola ley para todos y la ley se aplicará de verdad.
- ¿Qué pasa con los drusos, cristianos y circasianos?
- Las minorías que han demostrado lealtad al Estado de Israel como Estado judío —que han luchado a su lado, pagado un alto precio y construido aquí una vida en común— merecen pleno reconocimiento y respeto. Cuando devolvamos el Estado al pueblo: Toda minoría leal recibirá plenos derechos, podrá prosperar económica y socialmente, y gozará de seguridad personal. La distinción será clara: Lealtad al Estado judío = plenos derechos. Hostilidad hacia el Estado judío = sin derechos políticos. Así garantizaremos estabilidad, confianza y equidad, sin confusión ni doble moral.
- ¿Y qué pasa con los derechos de la comunidad LGBT?
- Israel no es un Estado de coacción religiosa, sino un Estado de libertad e identidad judía. La visión de Zehut no interfiere en la vida privada: Cada persona podrá vivir su vida como elija, siempre que respete la ley. No habrá discriminación institucional contra la comunidad LGBT, del mismo modo que no habrá imposición de una agenda LGBT sobre el conjunto de la sociedad. La libertad es de todos — y cada comunidad podrá moldear su vida y sus valores sin imponerlos a los demás.
Justicia y democracia
- ¿No dañarán la democracia?
- Hoy la democracia ha sido secuestrada por un sistema judicial no electo que anula una y otra vez la decisión del pueblo. Eso no es democracia, es el gobierno de los burócratas. Cuando devolvamos el Estado al pueblo: El poder volverá a los representantes electos, aquellos que representan al pueblo. El sistema judicial volverá a su función: juzgar según la ley, no dirigir la política. Así se renovará una democracia real , en la que la mayoría determina el rumbo y la minoría está protegida en sus derechos.
- ¿Cómo garantizarán que los tribunales no vuelvan a gobernar?
- Restauraremos el equilibrio básico de los tres poderes: La Knéset legislará. El Gobierno administrará. La Corte Suprema será elegida directamente por el pueblo y los tribunales juzgarán de acuerdo con los valores de la nación. Esto significa que el tribunal no podrá anular decisiones políticas ni interferir en cuestiones de valores, sino que se ocupará de la justicia y de la aplicación de la ley. Esto garantiza un sistema estable y justo, sin tiranía de los jueces y sin tiranía del gobierno.
- ¿Qué pasa con la libertad de expresión?
- Hoy la libertad de expresión en Israel es selectiva: ciertas opiniones gozan de protección absoluta, mientras que otras son perseguidas. Cuando devolvamos el Estado al pueblo: La libertad de expresión estará garantizada para todos: derecha, izquierda, religiosos, laicos. No se prohibirá que se escuche ninguna opinión, incluso si no es popular. Solo se prohibirá la incitación a la violencia, no la crítica política o de fe. Así garantizaremos un espacio público real, abierto y diverso.
Relaciones exteriores y diáspora
- ¿Cómo reaccionará EE. UU.?
- EE. UU. respeta la fuerza y no la debilidad. Cada vez que Israel se mantuvo firme en su postura, las relaciones con EE. UU. se fortalecieron (la Guerra de los Seis Días, la destrucción de las baterías de misiles). Cada vez que intentamos congraciarnos, sufrimos presiones y humillaciones (Oslo, la desconexión). Cuando devolvamos el Estado al pueblo, la relación con EE. UU. se basará en una asociación real , no en una relación de dependencia.
- ¿Cómo afectará esto a los judíos de la diáspora?
- Hoy los judíos de la diáspora se distancian porque Israel proyecta confusión y debilidad. Cuando devolvamos el Estado al pueblo: Proyectaremos orgullo, identidad y confianza en nosotros mismos. Seremos para ellos un faro de inspiración, no solo un refugio en tiempos de emergencia. Israel se convertirá en el centro mundial de la identidad judía y atraerá a judíos de todas las comunidades.
- ¿Y qué pasa con Europa?
- Europa seguirá criticándonos, porque eso forma parte de su ADN. Pero al final preferirá comerciar con nosotros, beneficiarse de nuestra tecnología y agricultura, y cooperar en materia de seguridad. La realidad demuestra que la fuerza atrae alianzas, la debilidad trae boicots.
Libertad, identidad, significado
Libertad
No más lucha contra la burocracia, la coerción y la regulación, sino un Estado que devuelve al ciudadano su libertad. Cuando devolvamos el Estado al pueblo, cada persona podrá elegir su vida desde la responsabilidad personal y comunitaria. El Estado no dictará, sino que facilitará. Esta es la base de la iniciativa, la innovación y la prosperidad.
Identidad
Pagamos un precio enorme por perder el rumbo y huir de nuestra historia. Es hora de reconectarnos con quienes somos. Cuando devolvamos el Estado al pueblo, cada niño crecerá con su identidad clara: hijo del pueblo eterno, continuador de la cadena de generaciones, viviendo en la tierra que le fue dada, y de ahí emana su soberanía. Una identidad clara es una fuerza que otorga confianza en uno mismo y seguridad nacional.
Significado
No más supervivencia diaria sin horizonte, sino un propósito claro. Cuando devolvamos el Estado al pueblo, la vida personal y la vida nacional adquieren significado: ser un pueblo libre en nuestra tierra y llevar el mensaje de identidad y libertad al mundo. No somos un pequeño Estado más que reacciona a las amenazas, sino una potencia que lidera el camino.
Gobierno limitado, Estado eficiente
Un Estado esbelto y eficiente
No más un aparato engorroso e inflado que desperdicia dinero público, sino un Estado esbelto que funciona con eficiencia y claridad. Cuando devolvamos el Estado al pueblo, el gobierno se concentrará únicamente en lo esencial: seguridad, justicia e infraestructura nacional. Todo lo demás volverá a los ciudadanos, a las comunidades y a las iniciativas libres. Un Estado esbelto es un Estado fuerte.
Comunidades fuertes
No más un ciudadano dependiente del Estado, sino comunidades independientes y prósperas. Cuando devolvamos el Estado al pueblo, cada comunidad podrá levantar instituciones de educación, cultura y bienestar según sus valores, por libre elección. El Estado no impondrá uniformidad, sino que permitirá un florecimiento diverso que fortalezca a toda la sociedad, sin coerción, luchas internas ni odio.
Un sistema judicial equilibrado
No más un sistema judicial desconectado de los valores de la nación, que dicta valores ajenos y usurpa atribuciones que no le corresponden, sino una justicia justa basada en los valores eternos del pueblo de Israel y que protege los derechos de los ciudadanos y la identidad del Estado. Cuando devolvamos el Estado al pueblo, el sistema judicial estará en el lugar que le corresponde: salvaguardar la ley y las libertades individuales, sin gobernar en lugar de los representantes electos del pueblo. Se preservará la soberanía del pueblo y reinará la verdadera justicia.
El plan social
Educación libre y constructora de identidad
No más un sistema educativo estatal asfixiante y uniforme, sino una educación que haga crecer a una generación libre, emprendedora y con identidad. En Israel como potencia judía-israelí, los padres son los responsables de la educación de sus hijos. El Estado les devuelve las herramientas, el presupuesto y la responsabilidad. Un sistema educativo diverso permitirá a cada niño crecer desde la curiosidad, la confianza en sí mismo y una profunda conexión con sus raíces.
Familia fuerte
No más la desintegración de la familia mediante la intervención del Estado y la infiltración de valores progresistas, sino la reconstrucción de la columna vertebral social. En Israel como potencia israelí-judía, la familia vuelve a ser el centro de la vida. El Estado quitará sus manos de la familia, fortalecerá los derechos de los padres y garantizará un marco estable sobre el cual se construya una sociedad sólida.
Bienestar desde la responsabilidad
No más dependencia de mecanismos de asistencia social asfixiantes, sino responsabilidad comunitaria y apoyo real a los necesitados. En Israel como potencia israelí-judía, la red de seguridad social se construirá en torno a comunidades y asociaciones libres, basadas en la confianza mutua. En lugar de un aparato fallido y alienado: un bienestar cálido, cercano y eficiente. El Seguro Nacional dejará de servir como canal para financiar y fomentar comunidades no judías hostiles al Estado de Israel. Salud real y no una sucursal de la industria farmacéutica: no más un sistema público cautivo de las compañías farmacéuticas y de la Organización Mundial de la Salud, que demostró colaborar con Hamás. En Israel como potencia israelí-judía, cada ciudadano recibirá atención médica de calidad, en el momento y lugar que lo necesite. El Estado abrirá la libre competencia entre cajas de salud y compañías de seguros, garantizando que cada uno pueda elegir el camino que mejor le convenga.
Medios de comunicación libres y diversos
No más un monopolio mediático que distorsiona la realidad, sino un mercado abierto de opiniones y voces. En Israel como potencia israelí-judía, la libertad de expresión estará verdaderamente garantizada: cada voz será escuchada, cada idea podrá competir en el mercado libre de opiniones. Una prensa independiente servirá al público, no a las élites.
Economía libre y abundancia
Economía libre
No más burocracia, aranceles y favoritismos, sino una verdadera libertad económica. Promesa: en Israel como potencia judía-israelí, el mercado será abierto, competitivo y creativo. Eliminaremos las barreras artificiales, abriremos los mercados y liberaremos las iniciativas. El resultado: la riqueza no se detendrá en el Estado, sino que llegará a los ciudadanos.
Reducción del costo de vida
No más intervención estatal que encarece cada producto, sino un mercado libre que reduce los precios. En Israel como potencia israelí-judía, los precios bajarán drásticamente gracias a la eliminación de aranceles y normas innecesarias, la apertura de las importaciones y la supresión de monopolios. El salario de cada familia alcanzará para más, otorgando una sensación de verdadera abundancia.
Vivienda accesible en todo el país
No más parejas jóvenes asfixiadas por la hipoteca, sino construcción libre y un mercado inmobiliario próspero. En Israel como potencia israelí-judía, las tierras del Estado se transferirán mediante sorteo a cada familia judía. La planificación y la construcción se llevarán a cabo desde la libertad y no desde una burocracia asfixiante. Las familias podrán adquirir una vivienda en cualquier parte del país, a precios razonables, sin depender de comités ni de allegados.
Industria y emprendimiento
No más una economía que dependa de la benevolencia del gobierno, sino un 'ecosistema' de creación e innovación. En Israel como potencia israelí-judía, los emprendedores, agricultores e industriales recibirán libertad absoluta para crear, exportar y desarrollarse. Se reducirá la burocracia, se bajarán los impuestos e Israel se situará a la vanguardia mundial como potencia económico-tecnológica.
Abundancia como base de la libertad
No más pobreza y dependencia, sino una riqueza que permita la independencia personal y social. En Israel como potencia israelí-judía, cada ciudadano podrá mantener con dignidad a su familia, emprender, soñar y construir. La abundancia económica no es un lujo, es la condición para una verdadera libertad.
Seguridad interna y libertad ciudadana
Seguridad personal para cada judío
No más miedo en las calles, ciudades mixtas abandonadas a su suerte, ni un norte y sur entregados a los delincuentes y a las mafias de extorsión, sino seguridad plena en cualquier lugar del país. Cuando devolvamos el Estado al pueblo, cada judío podrá caminar con seguridad por cualquier calle, en el corazón de cada ciudad y en cada localidad. La policía estará del lado del ciudadano y no en su contra, y el Estado protegerá a sus ciudadanos con firmeza y no los abandonará ante la delincuencia nacionalista.
Fin a la aplicación selectiva de la ley
No más una situación en la que el Estado persigue a quienes cumplen la ley e ignora a los delincuentes, sino una misma ley para todos. Cuando devolvamos el Estado al pueblo, la ley se aplicará con total igualdad: quien la infrinja será castigado, y quien la cumpla recibirá protección. No más favoritismos, no más miedo a los criminales. ¡Es algo tan básico!
Verdadera libertad ciudadana
No más un ciudadano desprovisto de derechos frente a un Estado que lo vigila, sino la libertad personal como base de la confianza. Cuando devolvamos el Estado al pueblo, protegeremos los derechos del ciudadano: el derecho a portar armas para la defensa propia, el derecho a la libertad de expresión y el derecho a una vida sin intromisiones innecesarias del Estado en la privacidad.
Fin a las "rondas" contra la delincuencia
No más tratamientos puntuales y superficiales, sino una resolución real. Cuando devolvamos el Estado al pueblo, el Estado no "gestionará el conflicto" contra la delincuencia, sino que lo resolverá de manera decisiva. Quien "levante la mano" contra el Estado o contra sus ciudadanos será arrestado, expulsado o severamente castigado.
Libertad y seguridad juntas
No más dilemas entre libertad y seguridad, sino una combinación ganadora. Cuando devolvamos el Estado al pueblo, la seguridad personal se garantizará no a través de la opresión, sino a través de la libertad: un Estado que devuelve el poder al ciudadano, pero que lo respalda con su fuerza.
Seguridad nacional
Resolución en lugar de "gestión del conflicto"
No más rondas interminables, no más "acuerdos" con un enemigo que continúa armándose, sino una resolución clara. Cuando devolvamos el Estado al pueblo, las FDI y el liderazgo del Estado volverán a derrotar decisivamente a los enemigos de Israel. ¡No nos conformaremos con treguas temporales! Devolveremos al pueblo una verdadera sensación de seguridad y una vida sin una espada sobre el cuello.
Soberanía plena en todas las partes del país
No más territorios abandonados o "zonas de control" para una entidad hostil, sino una soberanía israelí plena. Cuando devolvamos el Estado al pueblo, aplicaremos la soberanía sobre Judea, Samaria y la Franja de Gaza, garantizaremos fronteras seguras a lo largo de todo el país y desmantelaremos el modelo de la "Autoridad" que se ha convertido en una amenaza para nuestra existencia. En cualquier territorio de nuestra Tierra Prometida desde el cual se nos ataque y que, como consecuencia de ello, caiga en nuestras manos, el enemigo será expulsado y se aplicará la plena soberanía israelí.
Seguridad basada en la independencia
No más dependencia de la ayuda estadounidense o de la aprobación internacional, sino mantenernos firmes sobre nuestros propios pies. Cuando devolvamos el Estado al pueblo, construiremos una industria de defensa independiente, garantizaremos la superioridad tecnológica y mantendremos una absoluta libertad de acción frente a cualquier enemigo.
Un ejército con sentido
No más un reclutamiento forzoso basado en una igualdad artificial, sino un servicio fundamentado en la identidad y el propósito. Cuando devolvamos el Estado al pueblo, el ejército será un lugar donde los jóvenes judíos asuman responsabilidad y sentido, por elección propia y por su conexión con el pueblo y la tierra. Este modelo garantizará tanto el poderío militar como la resiliencia social.
Seguridad que permite la vida
No más vivir bajo la sombra de una ansiedad constante, sino una seguridad real que ofrezca un horizonte. Cuando devolvamos el Estado al pueblo, no solo protegeremos las fronteras, sino la vida misma. La seguridad nacional no es un fin en sí mismo: es la base para una economía próspera, una sociedad libre y una vida llena de sentido.
El plan político
Paz desde la victoria, no desde la debilidad
No más "gestión del conflicto", no más ilusiones de Oslo, sino una paz basada en la fuerza. En Israel como potencia judía-israelí, no negociaremos sobre nuestro propio derecho a vivir aquí. Derrotaremos al terrorismo, fomentaremos la emigración voluntaria de poblaciones hostiles y consolidaremos una realidad en la que Israel ejerza su plena soberanía. Solo desde la fuerza vendrán también la calma y la paz.
Independencia política
No más dependencia de Estados Unidos, Europa o la ONU, sino una independencia total. En Israel como potencia israelí-judía, conduciremos una política exterior basada en el puro interés nacional, no en el temor a la crítica internacional. Mantendremos la libertad de acción militar, política y económica, y serviremos de ejemplo para otras naciones.
Jerusalén: el corazón palpitante
No más una ciudad dividida o sujeta a debate, sino una capital unificada y soberana. En Israel como potencia israelí-judía, Jerusalén estará en el centro de la soberanía judía e internacional. Consolidaremos en ella las instituciones del Estado, protegeremos los lugares sagrados y proyectaremos al mundo entero la validez de nuestro derecho histórico y de fe.
Fin al Estado "palestino"
No más ilusión de "dos Estados", sino una realidad estable. En Israel como potencia israelí-judía, nunca se establecerá otro Estado árabe entre el Jordán y el mar. Ofreceremos a los residentes de la zona solo tres opciones: residencia permanente, ciudadanía en casos excepcionales para quienes demuestren plena lealtad, o un paquete de emigración. Esta es una solución moral, estable y sostenible.
Israel como faro mundial
No más un Estado que se justifica, sino un Estado que lidera. En Israel como potencia israelí-judía, seremos un modelo para el mundo entero: el pueblo de Dios que regresó a su tierra después de 2,000 años, estableció en ella un Estado libre, soberano y moral, y proclama el mensaje de justicia y libertad a todas las naciones.
Preguntas y respuestas
General
- Esto es hermoso en la visión, pero ¿cómo lo harán en la práctica?
- No estamos inventando nuevas soluciones, sino colocando la visión milenaria del pueblo de Israel en lugar de la visión progresista que condujo a la locura de Oslo y a la masacre de Simjat Torá. Una vez establecida la visión, simplemente dejaremos de impedir que ocurra por sí misma. Eliminaremos todas las barreras. El Estado hoy bloquea la libertad en la educación, la vivienda, la economía y la gobernanza. En el momento en que el poder sea devuelto al ciudadano y a la identidad judía, la realidad cambiará por sí sola. ¿Qué pasa con el mundo? No resistiremos las presiones internacionales El mundo respeta la fuerza, no la debilidad. Cada vez que intentamos agradar a las naciones del mundo, recibimos boicots, terrorismo y antisemitismo. Cada vez que proyectamos fuerza (como en la Guerra de los Seis Días), recibimos reconocimiento y aprecio. Israel como potencia judía-israelí será un modelo para otras naciones, no un Estado que se disculpa.
- ¿Qué pasa con los árabes que viven aquí?
- Ofreceremos a cada persona tres opciones: residencia permanente; en casos raros y evidentes de demostración de lealtad al Estado de Israel como Estado judío, también se permitirá la ciudadanía plena; y para quienes no deseen ninguna de estas dos opciones, habrá una vía de emigración con una compensación generosa. No más la ilusión de un "Estado palestino" que colapse sobre nuestras cabezas. En lugar de un conflicto perpetuo, una estabilidad clara.
- ¿Qué pasa con la economía? ¿No colapsará?
- Hoy la economía está asfixiada por impuestos, burocracia y monopolios. Nuestra visión libera el mercado, elimina barreras y abre la competencia, lo que garantiza la reducción de precios, el crecimiento y la abundancia. No es un sueño, es una fórmula de éxito comprobada en todos los lugares donde se ha implementado.
- ¿Cómo podrán los jóvenes comprar un apartamento en Israel, la potencia israelí-judía?
- Cuando devolvamos el Estado al pueblo, el mercado de la vivienda se abrirá de verdad, en lugar de estar asfixiado por el Estado: Liberación de tierras: La mayoría de las tierras en Israel están en manos del Estado (más del 90%). En lugar de que la Autoridad de Tierras de Israel controle todo, la tierra para construcción se sorteará para cada ciudadano judío para la construcción libre, sin monopolios y sin intermediarios innecesarios. Eliminación de barreras y comités: Eliminaremos la burocracia que asfixia la construcción. No más años de espera por comités de planificación, sino un proceso corto, transparente y directo. Eliminación de impuestos inmobiliarios: Se eliminarán el impuesto de adquisición, los gravámenes y los impuestos de construcción artificiales. Así, el precio para los jóvenes bajará en decenas de puntos porcentuales. Construcción en todo el país: No solo en el centro. Judea y Samaria, el Néguev y la Galilea se abrirán a la construcción judía a gran escala, con infraestructuras de transporte avanzadas. Competencia real: Cuando cada emprendedor y cada pareja joven puedan adquirir tierras y construir, la competencia bajará los precios y hará que la vivienda sea accesible para todos. Cada pareja joven podrá adquirir un apartamento a un precio razonable, no como un regalo de los padres ni como un sueño imposible. El hogar volverá a ser algo natural y no un privilegio exclusivo de los ricos.
- ¿Cómo será la vida de un dueño de negocio en Israel como potencia israelí-judía?
- En el Israel de hoy, el dueño de un negocio es a menudo un esclavo del Estado : Burocracia interminable, impuestos asfixiantes, regulaciones cambiantes, inspectores, multas e incertidumbre constante. Cuando devolvamos el Estado al pueblo: Libertad de emprendimiento: El dueño del negocio no rogará a los funcionarios, sino que recibirá total libertad para emprender, abrir un negocio y desarrollarse. Las licencias y la burocracia se reducirán al mínimo necesario. Impuestos justos y mínimos: En lugar de un sistema fiscal complejo y punitivo, un impuesto simple, bajo y transparente. El dueño del negocio sabrá exactamente cuánto paga, y el dinero se quedará con él para invertirlo en su negocio. Libre competencia: No más favoritismos para los allegados ni un mercado controlado por un puñado de magnates. Cada pequeño negocio podrá competir de manera justa y crecer. Seguridad empresarial: El dueño del negocio no tendrá que temer a los delincuentes, a la extorsión o al abandono por parte de la policía. Se garantizará la seguridad personal y económica en todas partes. Economía en crecimiento: En un mercado abierto y libre, con impuestos bajos y burocracia reducida, más clientes podrán comprar, más negocios prosperarán y se abrirán más oportunidades. El dueño del negocio vivirá una vida de creación, no de supervivencia. Su negocio será una fuente de sustento, orgullo y desarrollo, no una fuente de ansiedad.
- ¿Y qué pasa con la seguridad? ¿Podremos realmente vencer?
- Sí. Nuestros enemigos se alimentan de nuestra debilidad. En el momento en que recuperemos la fe en la justicia de nuestro camino, venceremos militar y políticamente. No hay pueblo tan fuerte como el nuestro cuando cree en la justicia de su camino, y esto sucederá ¡únicamente (!) a través de la conexión con la identidad.
- Al final todo es política, ¿cómo sucederá esto si ustedes no están en el poder?
- Ofrecemos una visión y no un parche más. El público tiene sed de algo real, no de una "gestión de crisis". Cuantos más israelíes se conecten con la identidad y con la visión que devolverá el Estado al pueblo, más rápido surgirá la fuerza política que la haga realidad. No es un proceso que ocurrirá de la noche a la mañana, pero es un proceso real e imparable.
- ¿Qué pasa si fracasan como fracasaron en el pasado?
- Gracias a nuestra actividad de muchos años, Israel cuenta hoy con un movimiento con una visión madura y una plataforma integral que da esperanza al público en general. La pregunta no es si volveremos a fracasar, sino si el pueblo de Israel puede permitirse continuar en el camino que lo llevó a esta terrible crisis: sin identidad, sin soberanía y sin fuerza.
- ¿No se creará un caos cultural?
- Al contrario: donde hay libertad, hay creación. Cada comunidad desarrollará sus propias instituciones educativas y culturales, y todas competirán en calidad. Esto creará abundancia cultural, no caos.
- Esto suena demasiado mesiánico. ¿Qué pasa con las personas laicas?
- La idea de devolver el Estado al pueblo no es un plan religioso. La identidad judía nos pertenece a todos: laicos, religiosos, tradicionalistas. No es una imposición religiosa, es libertad de identidad. Cada uno encuentra su lugar, por libre elección.
- ¿Cómo será un día en la vida de un niño en Israel, la potencia israelí-judía?
- No más un niño que recibe una educación uniforme, alienada y sin raíces. Cada niño aprenderá por elección, identidad y pertenencia. Se levantará para ir a una escuela que sus padres eligieron para él, aprenderá sobre su historia y su legado con orgullo, y crecerá con verdadera libertad para desarrollarse según sus talentos.
- ¿Qué pasará con las ciudades mixtas, como Lod, Ramla y Haifa?
- En la realidad actual, los judíos viven con miedo y el Estado teme aplicar la ley. Cuando devolvamos el Estado al pueblo, no habrá zonas abandonadas: la ley se aplicará con total igualdad y la gobernanza volverá a cada barrio. Los judíos podrán vivir en cualquier lugar del país con total seguridad, sin temor a la violencia, la extorsión o la discriminación positiva.
- ¿No se verá afectada la academia o la libertad de expresión?
- Al contrario. Hoy la academia y los medios de comunicación sufren de un monopolio ideológico, no de una verdadera libertad. Cuando devolvamos el Estado al pueblo, cada opinión podrá ser escuchada, cada investigación podrá realizarse sin imposición ideológica. La libertad de expresión estará verdaderamente protegida, no solo para quienes piensan de manera "correcta".
- ¿Cómo será el sistema educativo en la práctica? ¿Quién pagará?
- In Israel como potencia judía-israelí, el presupuesto volverá a los padres. Cada padre recibirá un vale educativo y elegirá la escuela que se adapte a sus valores. Así se preserva la igualdad de oportunidades, sin imposiciones y sin una uniformidad deprimente.
- ¿Qué pasa con los estudios troncales y los ultraortodoxos?
- El Estado no impondrá contenidos, sino que permitirá la libertad. Quien decida renunciar a los estudios troncales no recibirá el vale educativo y asumirá la responsabilidad de su elección. En la práctica, la mayoría de los padres pedirán una educación de calidad que combine judaísmo, identidad y herramientas para la vida.
- ¿Qué pasará con los subsidios y la ayuda a los débiles en Israel como potencia israelí-judía?
- Hoy la situación es lamentable: gran parte del dinero no llega a los necesitados, sino que se destina a la burocracia y al funcionariado. Existe una discriminación positiva para las minorías y, a menudo, los judíos que trabajan pagan más y reciben menos. Los discapacitados, los ancianos, los enfermos crónicos y las familias pobres se ven obligados a mendigar y a librar batallas contra el sistema.
- ¿Cómo afectará esto a las relaciones de la judería de la diáspora con Israel?
- Hoy los judíos en la diáspora sienten alienación porque Israel transmite confusión y debilidad. Cuando devolvamos el Estado al pueblo, proyectaremos orgullo y seguridad en nuestra identidad, y fortaleceremos el vínculo con los judíos de la diáspora desde la inspiración y no desde las disculpas. Israel será para ellos un ancla de identidad, no solo un refugio en tiempos de problemas.
- ¿Y qué pasa con el costo de esta transición? ¿Cómo pagaremos todo esto?
- Hoy el público paga un precio altísimo en impuestos, burocracia, costo de vida y un enorme despilfarro por parte del Estado. Cuando devolvamos el Estado al pueblo, eliminaremos impuestos y barreras innecesarias, reduciremos el aparato público y devolveremos el poder a los ciudadanos. Esto no costará más, ahorrará miles de millones y liberará enormes recursos para la educación, la salud y las infraestructuras.
Sociedad y minorías
- ¿Qué pasará con los ciudadanos árabes de Israel?
- Hoy la realidad es de una doble mentira : por un lado, el Estado otorga discriminación positiva y recursos enormes; por el otro, teme aplicar la ley y abandona las calles. El resultado: los judíos se sienten extranjeros en su propia tierra, y los propios árabes viven en un entorno de hostilidad, violencia y delincuencia. Cuando devolvamos el Estado al pueblo, las reglas serán claras: Quien acepte a Israel como un Estado judío y soberano vivirá aquí con dignidad, igualdad ante la ley y seguridad. Quien se niegue a aceptar la identidad del Estado podrá optar por la emigración voluntaria, acompañada de una generosa compensación. No habrá más discriminación positiva que favorezca a una minoría sobre la mayoría; no más abandono de las ciudades mixtas. Habrá una sola ley para todos y la ley se aplicará de verdad.
- ¿Qué pasa con los drusos, cristianos y circasianos?
- Las minorías que han demostrado lealtad al Estado de Israel como Estado judío —que han luchado a su lado, pagado un alto precio y construido aquí una vida en común— merecen pleno reconocimiento y respeto. Cuando devolvamos el Estado al pueblo: Toda minoría leal recibirá plenos derechos, podrá prosperar económica y socialmente, y gozará de seguridad personal. La distinción será clara: Lealtad al Estado judío = plenos derechos. Hostilidad hacia el Estado judío = sin derechos políticos. Así garantizaremos estabilidad, confianza y equidad, sin confusión ni doble moral.
- ¿Y qué pasa con los derechos de la comunidad LGBT?
- Israel no es un Estado de coacción religiosa, sino un Estado de libertad e identidad judía. La visión de Zehut no interfiere en la vida privada: Cada persona podrá vivir su vida como elija, siempre que respete la ley. No habrá discriminación institucional contra la comunidad LGBT, del mismo modo que no habrá imposición de una agenda LGBT sobre el conjunto de la sociedad. La libertad es de todos — y cada comunidad podrá moldear su vida y sus valores sin imponerlos a los demás.
Justicia y democracia
- ¿No dañarán la democracia?
- Hoy la democracia ha sido secuestrada por un sistema judicial no electo que anula una y otra vez la decisión del pueblo. Eso no es democracia, es el gobierno de los burócratas. Cuando devolvamos el Estado al pueblo: El poder volverá a los representantes electos, aquellos que representan al pueblo. El sistema judicial volverá a su función: juzgar según la ley, no dirigir la política. Así se renovará una democracia real , en la que la mayoría determina el rumbo y la minoría está protegida en sus derechos.
- ¿Cómo garantizarán que los tribunales no vuelvan a gobernar?
- Restauraremos el equilibrio básico de los tres poderes: La Knéset legislará. El Gobierno administrará. La Corte Suprema será elegida directamente por el pueblo y los tribunales juzgarán de acuerdo con los valores de la nación. Esto significa que el tribunal no podrá anular decisiones políticas ni interferir en cuestiones de valores, sino que se ocupará de la justicia y de la aplicación de la ley. Esto garantiza un sistema estable y justo, sin tiranía de los jueces y sin tiranía del gobierno.
- ¿Qué pasa con la libertad de expresión?
- Hoy la libertad de expresión en Israel es selectiva: ciertas opiniones gozan de protección absoluta, mientras que otras son perseguidas. Cuando devolvamos el Estado al pueblo: La libertad de expresión estará garantizada para todos: derecha, izquierda, religiosos, laicos. No se prohibirá que se escuche ninguna opinión, incluso si no es popular. Solo se prohibirá la incitación a la violencia, no la crítica política o de fe. Así garantizaremos un espacio público real, abierto y diverso.
Relaciones exteriores y diáspora
- ¿Cómo reaccionará EE. UU.?
- EE. UU. respeta la fuerza y no la debilidad. Cada vez que Israel se mantuvo firme en su postura, las relaciones con EE. UU. se fortalecieron (la Guerra de los Seis Días, la destrucción de las baterías de misiles). Cada vez que intentamos congraciarnos, sufrimos presiones y humillaciones (Oslo, la desconexión). Cuando devolvamos el Estado al pueblo, la relación con EE. UU. se basará en una asociación real , no en una relación de dependencia.
- ¿Cómo afectará esto a los judíos de la diáspora?
- Hoy los judíos de la diáspora se distancian porque Israel proyecta confusión y debilidad. Cuando devolvamos el Estado al pueblo: Proyectaremos orgullo, identidad y confianza en nosotros mismos. Seremos para ellos un faro de inspiración, no solo un refugio en tiempos de emergencia. Israel se convertirá en el centro mundial de la identidad judía y atraerá a judíos de todas las comunidades.
- ¿Y qué pasa con Europa?
- Europa seguirá criticándonos, porque eso forma parte de su ADN. Pero al final preferirá comerciar con nosotros, beneficiarse de nuestra tecnología y agricultura, y cooperar en materia de seguridad. La realidad demuestra que la fuerza atrae alianzas, la debilidad trae boicots.
De la plataforma oficial del partido Zehut — "Devolviendo el Estado al pueblo" (Edición 5786, 2026).

