Para Moshe Feiglin esto ya no es solo política. Tras perder a su nieto en la guerra, la lucha por la identidad y la seguridad del Estado se ha convertido en un voto personal.
"No busco un puesto ni busco un sillón. Veo el futuro de los hijos y nietos de todos nosotros. El futuro del pueblo de Israel. He jurado luchar por esta verdad hasta mi último aliento."
Zehut: 30 años de verdad — de la oposición al liderazgo
La historia del partido Zehut y de su líder, Moshe Feiglin, es la historia de una coherencia ideológica poco común en el panorama israelí. Todo comenzó hace 30 años: Moshe Feiglin fundó el movimiento 'Zo Artzeinu' y alzó la bandera de la oposición a los Acuerdos de Oslo. Mientras muchos se dejaban seducir por promesas de una falsa paz, Feiglin advirtió sobre las consecuencias de introducir a decenas de miles de terroristas en el corazón del país. Desde entonces y hasta hoy, sigue siendo la voz clara que no se rinde ante la terminología de la retirada — desde la lucha contra Oslo hasta la instalación de la primera carpa en Gush Katif en un intento de detener la expulsión.
7 de octubre: Cuando la realidad se encontró con la verdad
Durante años, las advertencias del bando "Zehut" fueron marginadas, pero el 7 de octubre la verdad se reveló en toda su dolorosa fuerza. La realidad demostró que la "visión de Oslo" colapsó y que la mayoría judía en Israel busca ahora un nuevo camino — ya no la gestión del conflicto, sino la victoria y la resolución. Esto no es una profecía — es un liderazgo con una visión del mundo estructurada que vio la escritura en la pared.
Cuando la verdad suena a locura
Dicen de mí que soy un 'extremista'. Veamos qué es realmente extremista: que Hamás nos masacre dentro de nuestra propia casa, ¿no es extremista? Que los precios de la vivienda hayan convertido a las parejas jóvenes en esclavas de los bancos, ¿no es extremista? Que tengamos que pedir permiso a Washington para proteger a nuestros hijos, ¿es sensato? La verdad es que yo no soy el extremista — la realidad se ha vuelto extremista. Yo no propongo extremismo, propongo sensatez: volver a nuestra identidad, a nuestra libertad y a nuestra soberanía sobre la tierra. En una realidad enloquecida, solo la verdad es el ancla.




